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miércoles, 3 de noviembre de 2010

Nuevo Tratamiento para la Depresión y el Parkinson

La estimulación cerebral profunda, por medio de impulsos eléctricos, representa un avance en el tratamiento de enfermedades como el Parkinson, los dolores crónicos y la depresión; pudiendo ser eficaz también para otros trastornos.
Los efectos de este importante elemento clínico pueden ser espectaculares en algunos pacientes; y aunque no curan, pueden controlar los síntomas por mucho tiempo.
Se trata de un marcapasos cerebral de características muy sencillas: una batería es implantada en el pecho del paciente para enviar impulsos eléctricos estables a un área determinada del cerebro y ese estímulo puede corregir o interrumpir la actividad eléctrica disfuncional entre neuronas, que es la que ocasiona los síntomas.
La velocidad, intensidad y duración de estos impulsos eléctricos pueden ser ajustados por el médico según las necesidades.
Este tratamiento disminuye los temblores que afectan a los enfermos de Parkinson y también son eficaces en otras patologías, como los dolores crónicos y la depresión.
Es un método que ya ha sido aplicado a más de 35000 pacientes con buenos resultados y el avance de la tecnología impulsa a los investigadores a estudiar sus efectos en otras patologías.
Los niños afectados por distonía, luego del tratamiento pueden llevar una vida normal, e incluso llegar a abandonar la silla de ruedas; y las personas con cefáleas agudas y otros dolores crónicos han tenido una mejoría inmediata.
Existen buenas perspectivas para el tratamiento de depresiones profundas; los trastornos obsesivos compulsivos, el síndrome de Tourette, la anorexia y la obesidad.
Algunos investigadores piensan que también podría retardar la pérdida de la memoria relacionada con la enfermedad de Alzehimer.
Las neuronas se comunican entre si por medio de impulsos eléctricos, de manera que prácticamente todas las alteraciones cerebrales podrían ser tratadas con este método.
Por ahora, la tecnología sólo permite emitir impulsos eléctricos estables que no pueden variar por si mismos, pero es posible que en los próximos diez años se pueda disponer de un aparato que sea capaz de accionarse y desactivarse según las necesidades de cada momento.
La ventaja de este método es que es reversible, o sea que si resulta ineficaz se puede eliminar sin dejar rastros.
Sin embargo, del uno al tres por ciento de los pacientes pueden sufrir un accidente cerebro vascular con este procedimiento; y un porcentaje aún más elevado puede desarrollar infecciones que no obstante pueden ser controladas; pero a diferencia de otros métodos, este tratamiento no modifica la estructura física del cerebro.
El efecto de la electricidad en el cuerpo data del primer siglo después de la era cristiana, cuando los médicos de los emperadores descubrieron que la gota y las cefaleas podían aliviarse con las descargas eléctricas que emitían los peces torpedos al hostigarlos.
Benjamín Franklin, en 1774, constató que la electricidad estática producía contracciones musculares, y años después Luigi Galvani advirtió que la estimulación del nervio ciático de una rana muerta producía una sacudida en su muslo.
Así fue cómo se supo que cada músculo del cuerpo está controlado por impulsos eléctricos provenientes de una región específica del cerebro.
En Estados Unidos, hay más de 250 hospitales que realizan tratamientos para trastornos de movilidad mediante estimulación cerebral profunda.
Para realizar esta intervención, los pacientes pueden mantenerse despiertos, porque en el cerebro no existen terminaciones nerviosas, que son las que registran el dolor, y sólo se les aplica anestesia local para hacer un pequeño orificio en el cráneo.
Es una tarea que exige mucha precisión para localizar la zona afectada y no producir ningún daño en otra región.
Lo ideal sería que la estimulación cerebral profunda pudiera ser mejorada al mismo nivel del funcionamiento de los marcapasos cardiacos, que vigilan el corazón del paciente y envían una descarga eléctrica sólo al registrar que no late en forma correcta.
Para llegar a este nivel se necesita conocer el lenguaje de las neuronas, o sea cómo se comunican y qué patrones eléctricos corresponden a cada una de las funciones.
Los resultados de esta técnica son muy auspiciosos aunque no se sepa aún cómo actúa exactamente la estimulación cerebral profunda ni cuál es la falla cerebral que produce los síntomas.
Fuente: “Investigación y Ciencia-Mente y Cerebro”, Morten L. Kringelbach y Tipu Z. Aziz.

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